lunes, 5 de enero de 2009

B071- Influencia de teorías eclesiásticas

Boletín de fecha 12 de septiembre de 2006

Tercera Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) en Puebla ( 13 Feb 79)

La situación planteada por la aparición de las denominadas “teologías de la liberación”, producto de la estrategia marxista de infiltración y utilización de la Iglesia Católica, para el logro de los objetivos revolucionarios, tuvo un hito fundamental en la realización de la Tercera Conferencia Episcopal Latinoamericana en Puebla (Méjico). (1)

La mayoría de los especialistas (tanto “liberacionistas” como sus críticos), coinciden respecto al origen de las Teologías Latinoamericanas de la Liberación (TLL), situándolo después de la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, en 1968. En efecto, desde Medellín se fueron diferenciando cada vez con mayor nitidez distintas posiciones, las que han sido clasificadas en tres grandes corrientes: la “pastoral-episcopal”, la “moderada-marxista” y la “rígida-marxista”.

La corriente “pastoral-episcopal” tiene su origen en Medellín, siendo su principal característica el esfuerzo por centrar la pastoral en la conversión interior del hombre y como consecuencia de ello transformar las estructuras sociales (política, económica, cultural, etc.) Pone el acento deliberadamente en lo religioso, sin olvido de la dimensión política, pero sin privilegiarla de tal modo que aparezca como la preocupación fundamental.

La corriente “moderada-marxista” se caracteriza por la priorización de “lo socio-político”, por lo que se coloca como fundamento de sus análisis y reflexiones a la denominada “teoría de la dependencia estructural”. Esta corriente no deja de lado lo religioso, pero su actitud conduce a relegarlo en un segundo lugar. Así, lo “socio-político” absorbe y diluye a “lo religioso”. De este modo, con la preeminencia de lo “socio-político”, desplaza su centro de atención hacia lo “político-conflictual”, pasando por la lectura propia del análisis marxista con sus imperativos.

Si bien no acepta la ideología marxista en su contenido ateo, al que juzga “separable “ de su aporte científico, la utilización del análisis marxista de la sociedad latinoamericana lleva paulatina e inexorablemente al conflicto y la revolución violenta.

La aplicación práctica de estos postulados en América Latina permitió la aparición de una serie de movimientos de sacerdotes, religiosos y laicos que llevaron a la praxis pastoral, como único instrumento válido, la liberación de la dependencia en el plano temporal. Así se constituyen los Sacerdotes para América Latina (SAL), en Colombia; el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), en nuestro país (Ver Boletín Nro 8); Cristianos por el Socialismo, en Chile, Organización Nacional Independiente de Sacerdotes (ONIS), en Perú; Movimiento de Reflexión Sacerdotal (MRS), en Ecuador; Sacerdotes para el Pueblo, en Méjico, etc.

En suma, esta corriente considera factible disociar el análisis marxista (como “instrumento científico”) de la ideología marxista, lo que lo lleva a ser adoptado por algunos católicos. Paulatinamente, sus expresiones pastorales (sermones, obras y escritos) van adoptando un tono agresivo y dialéctico.

La corriente “rígida-marxista” otorga validez absoluta al concepto de “lucha de clases”, como único medio viable para el logro de la “liberación” en América Latina. Para esta tendencia, la liberación “temporal” es la auténtica liberación, por ende, la evangelización debe adquirir una dimensión global, y como ellos sostienen, que “lo político” es la dimensión global del hombre, es la liberación política la que incluye y supera la dimensión religiosa.

Sus cultores procurarán la “reinterpretación del cristianismo desde el materialismo dialéctico”. Así, Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Rubén Alvez, Segundo Galilea, Juan Luis Segundo, entre otros, van a “invertir” el concepto de teología.
La convergencia con las tendencias revolucionarias latinoamericanas orientadas por el marxismo internacional, con apoyo decisivo de Cuba (y, por ende, de la ex URSS) a estas “teologías de la liberación radicalizadas”, sembró nefastos frutos a lo largo y ancho de latinoamérica.

Cuba primero y después Nicaragua, alentaron la posibilidad de la “liberación” buscada por esta corriente. Fidel Castro tuvo encuentros con los cristianos revolucionarios en Chile, en tiempos del gobierno de Salvador Allende. Fue durante ese gobierno cuando tuvo lugar el Primer Congreso Latinoamericano con participación de los principales líderes de las Teologías Latinoamericanas de la Liberación. Los sacerdotes Cardenal y D’Escoto, enrolados en la tendencia más radicalizada, lograron puestos claves en el gobierno marxista-leninista de Nicaragua.

La reacción vaticana

La “liberación” fue el tema aglutinante de los miembros, asesores y expertos del CELAM en lo que va de Medellín (1968) hasta Puebla (1979). Cuando el Papa Juan Pablo II llegó a Puebla, condicionó con toda precisión y con la firmeza de su autoridad, las corrientes que pugnaban por la hegemonía en dicha Conferencia.

El discurso inaugural del Papa marcó un hito fundamental. Los principios en él enunciados pasaron a integrar el Documento Final, en especial la segunda parte, donde prevalecieron claramente la Cristología, la Eclesiología y la Antropología católicas.

Se ha afirmado que Juan Pablo II y el Documento Final de Puebla, han sepultado doctrinalmente a las TLL defendidas y divulgadas por la corriente marxista, en su vertientes moderada y rígida, al hacer prevalecer el Sumo Pontífice el acento en “lo religioso”. Juan Pablo II rechazó (y el Documento Final de Puebla lo recoge) rotundamente las “relecturas” en clave marxista de la realidad latinoamericana; afirmando que “la liberación significa transformación interior del hombre como consecuencia de la verdad”.

Rechaza la sustitución de los principios evangélicos y teológicos ( Ortodoxia) por los del materialismo dialéctico y condena la ideologización de la persona de Jesucristo, que pretenden convertirlo en un político, un líder, en “el revolucionario de Nazaret”. Recuerda la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la propiedad privada; condena al “marxismo clásico que sustituye la visión individualista del hombre por una visión colectivista, casi mesiánica del mismo” y condena, en fin, a las ideologías marxista y liberal capitalista.

En suma, el Papa Juan Pablo II y el Documento de Final de Puebla respaldó y ratificó a la corriente “pastoral-episcopal”, al colocar como epicentro de las reflexiones y de la verdadera liberación “lo religioso”. Las corrientes filo marxistas fueron desplazadas.

No obstante, en la aplicación concreta del Documento de Puebla, se manifestó una resistencia al Magisterio Pontificio, más o menos velada. Tan fue así, que a pesar de las admoniciones de la Santa Sede y otras que se sumaron de varios episcopados latinoamericanos, las tesis básicas de la “Teología de la Liberación” se mantuvieron y siguieron difundiéndose con distintos matices.

Por ello, en 1984, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (presidida por el cardenal Ratzinger, (2) hoy Papa Benedicto XVI) publicó la Instrucción “Libertatis nuntius” (Sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación), formulando claramente la incompatibilidad de esa desviaciones con la doctrina tradicional y el Magisterio Auténtico Eclesiástico.

La Instrucción señala el objetivo buscado: “atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista”, con la consiguiente “subversión del sentido de verdad y violencia”, enfatizando que “la lucha de clases como camino hacia la sociedad sin clases es un mito que impide las reformas y agrava la miseria y las injusticias” y “que quienes se han dejado fascinar por este mito deberían reflexionar sobre las amargas experiencias históricas a las cuales han conducido”.

Finalmente, llama a los pastores a “vigilar la calidad y el contenido de la catequesis y de la formación que siempre debe presentar la integridad del mensaje de la salvación y los imperativos de la verdadera liberación humana en el marco de este mensaje integral”.

(1) No debe olvidarse que la teología es la ciencia del estudio de Dios y, como tal, es comprensiva de varias subdivisiones . En nuestro caso, interesa destacar el abuso y la deformación que el “liberacionismo” realiza en todos los campos, en especial el de la Teología Moral ( mediante la utilización del análisis marxista en la aplicación, interpretación y aplicación de la Doctruina Social de la Iglesia), la Teología Dogmática ( mediante la reinterpretación marxista de los dogmas) e inclusive de la Liturgia (buscando convertirla en mera praxis revolucionaria).
(2) No debe soslayarse el hecho que el actual pontífice acompañó durante más de 24 años al Papa Juan Pablo II, conduciendo la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano más importante del Vaticano, y que en múltiples ocasiones, siendo el Prefecto de dicha Congregación, condenó claramente a las teologías de la liberación radicalizadas, a las que consideró claramente “totalitarias”.

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